domingo, 4 de abril de 2010

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Se levantó, miró a un lado, después al otro. Llenó sus pulmones de oxigeno limpio y puro y pensó “Bueno por fin sola”.
Abrió muy despacito la puerta de su corazón pero muy despacio no se fuera ha escapar todo lo que había dentro y decidió hacer inventario, entre los amores pasados los presentes y porque no ir encargando ya los futuros. En la izquierda en la derecha arriba y abajo, un montón de historias la mayoría sin acabar con corazones rotos, palabras sin sentido, trocitos de canciones de las que ya nadie se acordaba, fotos rotas, mensajes en clave, un montoncito de para siempres pasajeros y algún que otro tal vez mas adelante.
Revolviendo entre lagrimas, sonrisas y alguna que otra rabieta había malos entendidos y muchos de los típicos no te quiero perder como amigo. Había muchos momentos de torpeza de no saber que decir cuando decir o como decir nada. De meteduras de pata dos armarios completos, y a los te quieros sinceros les sobraba espacio en un cajón.
Sin hacer mucho ruido fue limpiando los trocitos que había en el suelo, esos que el ultimo inquilino no había recogido muy despacio se acercó al día en el que habían dejado de quererla y cuando menos se lo esperaba lo aplastó como a una bola de papel.
Metió en una bolsa cada vez que había perdonado eso que era imperdonable. Abrió de par en par las ventanas para que la corriente se llevara toda la vergüenza que interrumpía  su camino. Sin armas mucho alboroto consiguió hacer callar a todo aquello que la impedía pasar página. Tras años sin hacer limpieza había una gran capa de polvo (de ese que parece que no se nota pero que te hace verlo todo borroso) así que un plumero de experiencia y un poquito de fuerza lo quito casi sin esfuerzo.
Las promesas las metió en cajas para donarlas a todo aquel que las necesitara y los intereses les reciclo para convertirlos en ganas de seguir adelante. Los álbumes de fotos basadas en la inexperiencia y la mala suerte decidió regalarlos a los que necesitaban saber como no hacerlo. Los nunca mas los metió en la lavadora y después de un buen centrifugado ya parecían volver a ser un por supuesto.
Parecía todo acabado, limpio ordenado y con una imagen mas madura y responsable, cuando de repente encontró dentro de la caja mas pequeña metida en el joyero mas sencillo a su vez metido en el cajón del armario mas simple, la razón por la cual no había hecho limpieza antes, la esperanza de revivir alguna de esas historias de las que tanto le costó salir lo mas ilesa posible, esa  esperanza que la dejaba anclada en el pasado y por mucho que miraba hacia delante no podía avanzar. La miró fijamente, la dedicó una pícara sonrisa y la dejo arder entre las llamas de los “no es un adiós es un hasta luego”.

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